Durante unos tres años, mi vida estuvo marcada por una experiencia difícil pero profundamente reveladora.
Aunque los desafíos externos fueron evidentes —tratamientos, efectos secundarios, dolor constante—, lo que realmente transformó mi manera de afrontar todo esto fue la conexión que logré con mi cuerpo.
Esta conexión no surgió de la noche a la mañana. Fue un proceso que incluyó momentos de miedo, rabia e incertidumbre, pero que con el tiempo y el trabajo emocional se transformó en aceptación, desapego y, sobre todo, amor propio.
Hoy quiero compartir contigo cómo convertir el cuerpo en un aliado puede cambiar la manera en que enfrentamos las situaciones más difíciles de la vida.
Desde los primeros días de mi tratamiento, entendí que para soportar lo que estaba viviendo, no podía ver a mi cuerpo como un enemigo o algo que me "fallaba".
En lugar de eso, decidí considerarnos un equipo: mi mente y mi cuerpo trabajando juntos hacia un objetivo común.
Cuando las heridas en mis nalgas comenzaron a aparecer como efecto secundario de la radioterapia, me encontré hablando con mi cuerpo: "Aguanta un poco más, sé que duele, pero esto es temporal. ¡Lo superaremos juntos!"
Lo sorprendente fue que, al hacer esto, el dolor disminuía. No sé si era magia, sugestión o algo más, pero me sentí escuchada. En esos momentos comprendí que mi cuerpo no era un obstáculo; era un compañero que estaba haciendo lo mejor que podía bajo las circunstancias.
Hubo momentos en los que mi Yo del pasado quería forzarme: "Tienes que moverte, hacer ejercicio, luchar contra esto". Pero mi Yo del presente, más conectado con mis sensaciones y necesidades, entendía que forzar no siempre es la respuesta.
Aprendí a escuchar. A detener mi mente, a observar cómo se sentía mi cuerpo y a darle lo que necesitaba, no lo que mi Ego dictaba. En lugar de obligarme a caminar cuando mis piernas apenas podían sostenerme, decidí darle tiempo para recuperarse.
Esta paciencia fue una lección de amor propio. Frente al espejo, abrazaba mi cuerpo, aunque estaba delgado y debilitado, y le decía:
"Eres perfecto. Gracias por aguantar tanto. Gracias por estar aquí conmigo. Lo lograremos juntos."
Hace años leí que nuestras células pueden "escuchar" lo que les decimos. No sé si es científicamente cierto, pero no importa. Lo que sé es que, al hablar con mi cuerpo, al agradecerle y tratarlo con amor, me sentí mejor. Mi dolor disminuía, mi ánimo mejoraba y, en cierto modo, sentí que mi cuerpo respondía positivamente.
A veces, perdemos demasiado tiempo cuestionando en lugar de probar, creer y confiar. No tenemos que entender todo para que funcione. Lo que importa es que nos ayude a seguir adelante.
Todo este proceso de conexión conmigo misma fue una de las razones que me llevó a escribir "Renacer en mi otro cuerpo". En el libro, comparto no solo los desafíos externos de mi experiencia, sino también el viaje emocional y mental que me permitió transformarme desde dentro.
Este libro no es solo para quienes han pasado por situaciones extremas; es para cualquier persona que quiera aprender a aceptarse, escucharse y renacer, incluso cuando la vida parece dar un giro inesperado.
Si te interesa profundizar en esta conexión entre la mente y el cuerpo, o si simplemente necesitas una dosis de inspiración para enfrentar tus propios retos, te invito a leer "Renacer en mi otro cuerpo".
La relación con nuestro cuerpo es una de las más importantes de nuestra vida, pero a menudo la dejamos de lado. Nos enfocamos en lo que no nos gusta, en lo que no funciona, y olvidamos que nuestro cuerpo hace lo mejor que puede por nosotros.
Hablar con mi cuerpo, verlo como un aliado y tratarlo con amor cambió por completo mi forma de vivir esta experiencia.
Y tú, ¿has intentado escuchar a tu cuerpo? Quizás te sorprendas de lo que tiene para decirte. Cuéntamelo en comentarios.
Lleva esta reflexión más allá: Descubre cómo transformar las experiencias difíciles en oportunidades de crecimiento en mi libro "Renacer en mi otro cuerpo".
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Gracias por estar aquí y por leerme. Cada paso en este camino ha sido posible gracias al amor y al apoyo de quienes me rodean, como tú ❤️.
Raquel.
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Raquel Aldavero